14 de septiembre de 2011

¡Weeeeeeeec weeeeeec! No me quiero regresar a México. Weec!

Pues, como les había mencionado, me escapé dos semanas a Colorado, E.U.

Desde mi último post sobre la Historia de Juan Carlos Tello (por cierto, no se pierdan la próxima donde JCT viaja a la India a disfrutar de sus exóticos niños y de su droga), no he tenido mucho tiempo de sentarme a escribir; aunque podría hacerlo desde mi celular, pero qué hueva estar escribiendo en el tecladito.

Total que todo marcha bien. Estoy quedándome con mi papá y con su esposa. El lugar donde viven es muy bonito y apacible, un suburbio como a media hora de Denver, rodeado de campo y árboles. Es un sitio tan calmado que lo siento anormal. Estoy acostumbrado a los vecinos escandalosos, a los pitidos de los automóviles, al odiosísimo "ya llegó, ya llegó, ya llegó, es el Gas Express" a las 7 de la mañana, al ruido de las construcciones cercanas y, solo en una ocasión, al de los balazos entre narcos.

Algo curioso que me pasó aquí en Colorado es que iba en la bicicleta hacia un lago, y a lo lejos escuché algunos disparos (probablemente de algún granjero sin dientes y dirigidos hacia los ganzos), y mi respuesta natural fue asustarme, decir "¡aaala vergaa!" y frenar. Una pareja de ciclistas que venía atrás como que se extrañó. Seguramente pensaron "vaya marica, son solo disparos". Pero, que no jodan, ¡vengo de México! Que agradezcan que no brinqué al monte a refugiarme. Respuestas pavlovianas de los veracruzanos del siglo XXI .

Contrario a lo silencioso del día, en la noche sí se escucha un poco más de ruido. Pero el ruido proviene de coyotes o lechuzas. Me cuenta mi papá que atrás de su casa, a unos treinta metros, hay una madrigera debajo de un árbol, y que allí habitan algunos coyotes. Ellos salen cuando anochece. Llevo noches escuchándolos; me gusta escucharlos. Ayer en la madrugada como que estaban aullando más cerca y fuerte de lo usual; pareciera que están en celo. Me despertaron, pero me volví a dormir. El efecto que tienen sobre mí es el de arrullarme.

Quisiera quedarme aquí. Estoy seguro que terminaría una novela en cuatro meses con este tipo de tranquilidad. Pero desafortunadamente tengo que regresar a México a trabajar y arreglar algunas cosas. Porque aquí en E.U. la crisis aún está cicatrizando, casi no hay trabajos y la neta no pienso trabajar limpiando pisos (sin menospreciar a la gente que trabaja en eso, pues yo también trabajé limpiando pisos). Aunque gane menos en México, me gusta más lo que hago.

Pareceré un malinchista y un traidor a la patria (más en estas fechas), pero prefiero vivir aquí que allá. Independientemente de que el estilo de vida es más cómodo, la gente es más amable y educada que en México. Voy corriendo en algún caminito y todos te saludan y te dicen buenos días. Sobre el profesionalismo con que toman su trabajo aquí en E.U., ni se diga.

Esto no quiere decir que le lama las bolas a los gringos y que piense que son mejores que los mexicanos. Sin embargo, creo que debemos aceptarlo para mejorar —esto aplica también para los paises latinoamericanos parecidos a México— : nos llevan una gran distancia cultural.

Aquí la gente no se roba lo que dejas en frente de tu casa ni lo que debió llegarte por correo. Es improbable hacer que un policía acepte un soborno. El buen trato al consumidor es una regla en casi todas las empresas. Consideran repulsiva a la gente que tira basura en la calle. El cuidado del medio ambiente tiene una mayor importancia que en nuestros países. Hacen ejercicio o tratan de tener una vida saludable. Pocos intentan jalar o detener a quienes están subiendo, y a la mayoría se le da la oportunidad de subir; y a la gente que sube, no se le sube la mierda a la cabeza de manera proporcional. Puedes contar algo sin temor de que piensen que estás presumiendo. Etc.

Obviamente también hay muchísima mierda, como sus políticas militares exteriores o Jersey Shore y sus millones de fans, por citar tan solo algunas; pero en estos momentos prefiero eso a volver a toparme con nacos tirando basura en la calle o ver en la tele a gente gastándose el dinero en campañas para seguir saqueando al país, junto con los cientos de lacras ineptos que suelen rodarles.

Aún así no pienso huir de México. No seré de los que aman tanto al país que luchan por su mejoría... a kilómetros de distancia. Quisiera quedarme allí y tratar de hacer lo mío para mejorar lo que esté dentro de mis capacidades. Porque me parece una lástima que un país tan hermoso esté atestado de tanta gente tan mierda. Supongo que soy un buen mexicano.

Me imagino que alguien quiere ver fotos. Aquí pongo algunas que he tomado.


Atardecer


Un lugar al que fui hoy

Algunas montañas cercanas al pueblo

Yo

Yo nuevamente, con un poco más de estilo 
Yo entrenando como el Dragón Shiryu

Falso Chingoneidad demostrando su fortaleza para poder aparearse.


En fin, regreso después.

2 de septiembre de 2011

Historias de Juan Carlos Tello

La otra vez fui invitado a observar un juicio en el cual Juan Carlos Tello era fiscal. Fue él mismo quien me invitó, pues es uno de los mejores del país y ha ganado innumerables casos. Este caso en particular trataba de un orfanato cuyo personal supuestamente maltrataba a los niños y los ponía a fabricar las balas y explosivos que utilizan los zetas.

Cuando hubo un receso, salí al pasillo y me encontré a Juan Carlos Tello, quien me pidió que lo acompañara. Me condujo hasta su lujosa oficina y me invitó a que tomara asiento.

—Lo tienes perdido, no hay manera en que ganes ésta —le comenté.

—¿Estás seguro?— respondió en tono burlón y despreocupado. Luego puso su dedo en el interfono—. Margaret: trae acá mi estuche, por favor.

Su secretaria llevó el estuche, el cual contenía una pipa y una insospechada cantidad de crack, que allí mismo Juan Carlos Tello se puso a fumar... todo.

Al volver del receso las cosas cambiaron totalmente en favor de Juan Carlos Tello. Había guardado sus mejores cartas para el final. Hundió a la defensa con sus contraargumentos. Y jamás, ninguno de los presentes, habíamos escuchado un discurso con tal elocuencia y pasión. Juan Carlos Tello estaba eufórico e imparable.

—Dejemos a un lado el peligro al que son expuestos... ¿golpear a un niño con una vara? Ese simple hecho es inadmisible, su señoría. ¡No, Señor! ¡Jamás lo permitiré! Estamos hablando de niños... — y aquí algo brotó desde lo más profundo de su inconsciente volcánico— ¡de esos DELICIOSOS NIÑOS y sus deliciosos CULOS DESNUDOS!

Esta última oración fue una sacudida inaudita. Se pudo escuchar el susto y sorpresa de la gente aún mientras el eco de las fervientes palabras de Juan Carlos Tello seguía recorriendo el salón sin perder su calor. Pero justamente en ese instante se escuchó una explosión en las afueras. Era un atentado contra Juan Carlos Tello, ya que se dice que el está trabajando para el cártel de...

CONTINUARÁ...

P.D. Mañana me voy una semana a Colorado. Es posible que no escriba nada sino hasta la siguiente.

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